Es posible que al pensar en César Vallejo palabras como: dolor, angustia, soledad y desamparo lleguen a la mente, puesto que estos temas han sido referentes de su gran obra poética. El poeta peruano nació en Santiago de Chuco en 1892. Sin duda alguna, se encuentra entre las figuras representativas de la poesía en lengua hispana y conocido como un gran impulsador de la vanguardia latinoamericana.  Entre sus obras más destacadas se encuentran Los heraldos negros (1918) y Trilce  (1922).

Sin embargo, después de su muerte se publicó la obra Poemas humanos (1939) en la cual se encuentra el poema titulado “Hallazgo de la vida” que nos permite ver otra cara del escritor. Al encontrarse ante un poema escrito en prosa, el ritmo resulta de suma importancia para la construcción literaria. Es así como Vallejo, a través del sujeto lírico, nos transmite la sensación epifánica del reconocimiento de nuestra existencia en el mundo.

“¡Señores! Hoy es la primera vez que me doy cuenta de la presencia de la vida…”.

Con el apelativo empleado establece una conexión directa con el público lector, dejando claro que quiere compartir con el mundo su experiencia ante esta revelación. La vida le da un golpe realista, inesperado y gracias a ello logra liberarse de la cotidianidad para disfrutar el momento revelador de su presencia en la tierra y dentro de una sociedad.

“Nunca, sino ahora, ha habido vida. Nunca, sino ahora, han pasado gente. Nunca, sino ahora, ha habido casas y avenidas, aire y horizonte.”

Ante el regalo de la vida debemos tener plena conciencia que en algún momento llegará la muerte y por eso debemos vivir sin miedo porque lo inevitable llegará algún día. Por medio de la drástica comparación temporal realiza un énfasis en la emoción experimentada. La voz lírica reconoce que es la primera vez que siente la presencia de la vida es como un despertar para reconocerse y reconocer todo lo que nos rodea, las cosas tan cotidianas que a veces parecen carecer de valor, para mirarlo con otros ojos.

El enfrentarse con el poema puede resultar reflexivo. Nos encontramos tan sumergidos en una rutina que dedicamos poco tiempo a contemplar nuestro entorno y ya no cuestionamos lo que creemos conocer. Con el tiempo vamos perdiendo el asombro ante las cosas que se nos regalan por vivir. ¿Pero realmente conocemos lo que nos rodea y a las personas que forman parte en nuestra vida? No deberíamos dar por hecho nuestro conocimiento adquirido por conceptualismos sociales, sino abrirnos la posibilidad de conocer a través de las experiencias adquiridas.

“No ponga usted el pie sobre esa piedrecilla: quién sabe no es piedra y vaya usted a dar en el vacío”.

“¡Dejadme! La vida me ha dado ahora en toda mi muerte”.

Suena irónico que al encontrarse habitando la tierra que conocemos se considere muerto; el júbilo de la vida llega a despertarlo de esa muerte cotidiana. César Vallejo nos hace despertar mediante la paradoja del poema. Es cierto que al encontrarnos habitando un tiempo y espacio también se experimenta el dolor, la soledad e incluso la desesperanza, pero es así como a veces se manifiesta. Sentimos, somos capaces de hacerlo porque estamos vivos.

  • OA

    De expresión grácil y perspicaz, como la pluma que firma este artículo, es la voz que lo anima. Tan vital como el tema, es el estilo que se preforma, que evanace entre las palabras y los espacios en blanco, como los instantes de la vida que requieren una pausa, un silencio fatal. Bravo.
    OA.