El día de ayer, 16 de julio de 2017, se llevó a cabo una Consulta Popular amparada en los artículos 70, 333 y 350 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Dicho movimiento fue elaborado por la oposición en coordinación con diversos sectores que hacen vida en Venezuela, como clara respuesta a la propuesta fraudulenta e inconstitucional del gobierno, encabezado por Nicolás Maduro, de ir a una Asamblea Nacional Constituyente.

Desde una perspectiva personal, los resultados obtenidos tienen un sabor amargo, más cercano a la derrota que a la victoria. Para profundizar este análisis, es obligatorio mencionar las condiciones bajo las cuales dicha Consulta Popular fue realizada, resaltando la organización, la cual se llevó a cabo en un lapso de 15 días o menos; no se tuvo apoyo de la institución encargada de dicha responsabilidad, hubo un continuo asedio de colectivos (grupos paramilitares) afectos a este gobierno dictatorial, en clara confabulación con los organismos de seguridad del Estado. Y como si esto fuese poco, la censura y el blackout en los medios de comunicación e información del país (donde también es importante resaltar el lamentable papel de canales como Venevision o Televen desde los días previos a la jornada hasta el desarrollo de la misma), no dieron lugar a una transmisión efectiva de la información acerca de la Consulta Popular.

Sin embargo, a pesar de todas las condiciones desfavorables de dicho proceso, los resultados siguen siendo deficitarios comparados con aquellos que el país requiere. Cabe acotar que el 6 de Diciembre de 2015, el pueblo soberano de Venezuela escogió a aquellos representantes de lo que sería la legislatura 2016-2020, otorgando en ellos todos los poderes y atribuciones constitucionales que les corresponden. Para dicho proceso, los legítimos 112 diputados opositores obtuvieron un total de 7.730.000 votos (aproximadamente). Dichos diputados, tras las continuas y tiránicas embestidas del gobierno apoyado por instituciones ilegitimas como el TSJ, después de año y medio de un parlamento sin resultados tangibles, buscaron reafirmar de cierta forma su legitimidad pidiendo al pueblo que les apoyaran para llevar a cabo acciones que de por si les son propia. El resultado de esta consulta (la cual, a mi parecer, es redundante) reflejó una cantidad de votos inferior a la obtenida por ellos año y medio atrás.

¿Es injusta la comparación entre el 6D y el 16Jul? Totalmente, pero dicha comparación es inevitable (por no decir obligatoria). Nuevamente caemos en el principal problema opositor durante los últimos 18 años, el cual es la carencia de un pensamiento estratégico claro y adaptado a la realidad del país. Éstos, tras 3 meses de protestas con un saldo superior a los 90 fallecidos, deciden pedir al pueblo permiso para usar atribuciones que les fueron dadas con anterioridad, preparando una consulta en un corto periodo de 15 días y, tras los resultados, declaran que son números exitosos para el poco tiempo con el cual se organizó todo. ¿Qué habría pasado si dicha consulta se realizaba hace 3 o 2 meses? ¿O inclusive hace 1 mes? ¿Cuántos votos más habríamos obtenido? ¿Se habría evitado la muerte de alguno de esos 90 venezolanos? Todas estas son preguntas injustas pero necesarias.

Antes de la propuesta de la consulta, se mencionó la idea de realizar un referendo (el cual fue rotundamente rechazado) para saber si el pueblo quería o no apoyar la idea inconstitucional de la ANC viciada. Es decir, se llegó a plantear como idea el hacer un referendo para ver si el pueblo quería alcahuetear[1] un claro proceso de violación de la constitución, lo cual no tiene pies ni cabeza ¿Qué habría pasado si en lugar de dicha propuesta se hubiese planteado la idea de la Consulta hace un mes?

La oposición lleva años dando vueltas inmersa en deseos claros de poder, algo natural en cualquier democracia; pero el problema es que, precisamente, Venezuela dejó de ser una democracia hace años, por lo cual dichos juegos de poder están diametralmente separados de la realidad de un país que clama por un cambio. También es necesario resaltar que así como existían condiciones desfavorables, también existían algunas a favor, como las condiciones de participación que elevaron el número de participantes en el extranjero de 120.000 personas (registradas en el CNE) a aproximadamente más de 600.000 (no registrados). Aun así las cifras no fueron positivas.

Los resultados de ayer no están acordes con la realidad del país, donde más del 80% de la población está en contra del llamado a la ANC, por lo tanto podemos afirmar que muchos más de esos 7.180.000 venezolanos (tras escrutar el 95% de las actas) están en contra de dicha propuesta, pero también debemos decir que estos resultados son un revés importante.

Se redundó, pero la razón principal de esto fue buscar apoyos dentro de las FAN, que en caso tal que los resultados hubiesen sido más arrolladores se habrían sentido más presionados a tomar cartas sobre el asunto, pero este no fue el caso. Por otra parte, las expectativas creadas por algunos líderes de la oposición, que llegaron a decir que era factible superar cifras a los 10.000.000 de votos con las condiciones previstas, eran irrealizables. Ahora, tras emocionar a todo aquel que participó en el proceso de ayer, se excusan. ¿Hasta cuándo se utilizarán falsas expectativas como mecanismo de influencia en el país? ¿Al menos podría la dirigencia opositora aceptar la responsabilidad de no haber podido cumplir con dichas expectativas, en lugar de atacar a aquel que creyó en ellas y se siente decepcionado de los resultados?

Nuevamente, la oposición fue presa de sus clásicos errores – desorden, falta de estrategia, metas inalcanzables –, los cuales se siguen suscitando a pesar de tener 18 años haciéndole frente al gobierno dictatorial de Chávez, y ahora al de Maduro. ¿Cuántas veces más vamos a tropezar con la misma piedra?

Para finalizar, aún tras todas estas duras palabras, me veo obligado a decir que los resultados de ayer no son totalmente oscuros. Dicha jornada causó un efecto a nivel internacional donde se observó cómo diversos gobiernos, por ejemplo Canadá y México, reconocieron los resultados obtenidos. Hay un claro sabor agridulce, pero el mensaje no cambia y la libertad sigue a nuestro alcance, sólo hay que seguir saliendo a la calle como se ha hecho durante los últimos 90 días, de forma heroica, conquistándola nosotros mismos. La libertad está experimentando dolores de parto en Venezuela y depende de nosotros que dicho alumbramiento sea exitoso. El mandato a la oposición organizada es claro, 350 y calle sin retorno, ¡Ahora o nunca señores!

[1] Alcahuetear: encubrir u ocultar algo, facilitar actos ilícitos.