El modelo se agotó, nada bueno trajo al país, sino que profundizó los malestares que sufría la población antes de la revolución y creó otros más perversos, que se fueron consolidando y que ahora son pesos pesados a la hora de tomar alguna decisión. Muy poco ha cambiado todo esto desde aquel viernes negro; los graves errores en la economía se repitieron y de forma trágica; fue mucha el agua que corrió bajo el puente, pero estamos casi igual; tal vez las cifras sean mucho más devastadoras y el cambio pegará con mucha más fuerza a todos; pero en lo esencial nada cambió desde el punto de vista económico y tal vez político; es el agotamiento de un modelo que se niega a morir o que ya está muerto, pero no existe nada aún que lo remplace.

Ahora bien, y si no se plantea, o no surge otro modelo seguiremos igual, dependiendo de gobernantes que sepan medio administrar los recursos y no sean tan descarados y sinvergüenzas; algo así como los de la cuarta República.

Este país está condenado al fracaso si continúa pensando en cierta forma de socialismo, está destinado a fracasar, porque no cree en el mercado y nunca ha creído, pero si cree en el Estado que siempre termina engañándolo. Nunca podremos ser un país de primer mundo si se continúa pensando en esos términos. Sí, tal vez se pueda avanzar hasta alcanzar el nivel actual de los países vecinos, pero todo será por la riqueza nacional petrolera y no por méritos propios.

Mientras se siga pensando que el petróleo es de todos los venezolanos no se logrará llegar al desarrollo; ¿Quién conoce de petróleo en Venezuela? ¿Quién tiene los recursso para explotar los campos petroleros? ¿Quién quiere trabajar en el petróleo? Contesten estas preguntas y verán que siendo el petróleo el primer producto de producción y exportación el futuro del país luce oscuro.

Entonces dejamos al Estado el manejo de la industria, pero que no sabe manejar sus recursos y que no cree en el mercado; condenamos al mercado porque es lo que todos los líderes hacen; piden un cambio de gobierno y no de la estructura del Estado y de la economía; parecen sólo interesados en llegar a la fuente de recursos y repartir según ello “mejor” la renta.

Seguiremos siendo un país del tercer mundo, porque muy pocos quieren ser empresarios y muchos que quieren ser presidentes; no quiero decir que desprecio al político, ni aborrezco la política, porque por culpa de la anti política se llegó a esta situación, sino que no  se observa el interés de la gente en crear su propia riqueza y en muchos caso, este interés fracasa porque el sistema está en contra de la acción personal.

Fracasaremos porque no creemos en la libre competencia y necesitamos de un papá Estado que nos proteja, porque no estamos preparados para la competencia, ni siquiera ente nosotros mismos los venezolanos.

Repetiremos las crisis, porque no se piensa a largo plazo, no se estructura un plan de desarrollo de unos 20 años, claro primero se tendrá que afrontar un plan de resurgimiento de corto plazo para aliviar la situación nacional  y espero que la población, como los políticos, tenga la fuerza que no se tuvo con el paquetazo de CAP II.

Buscando la riqueza fácil y sin trabajo, así como los políticos buscan los votos de manera rápida y sin compromiso el país no saldrá adelante.

Lastimosamente estamos en el fracaso y lo estaremos porque el ciudadano que muy pocas veces es ciudadano depende del Estado y no el Estado de este.

Somos condenados a seguir a un Líder que lo es todo y que controla la mayor industria (petrolera) y la de mayores posibilidades de desarrollo (empresas básicas), que al tener todo no le importa desarrollar nada, sino mantenerse en el poder.

Solo queda decir que, cuando el país deje de pensar que los servicios deben ser baratos porque son del pueblo, cuando dejen de creer que solo los ricos y empresarios deben pagar impuestos, cuando dejen de creer que necesitan al Estado para salir de la pobreza y a sus gobernantes para adquirir favores, se podrá decir que Venezuela avanza y saldrá adelante.