El libre comercio, el cambio climático, el terrorismo, Siria y Corea del Norte, fueron algunos de los temas centrales del G-20 en Hamburgo, ciudad que se convirtió en el epicentro del mundo por ser sede del foro de potencias industrializadas y emergentes.

La ciudad portuaria del norte de Alemania fue sede de la 12° cumbre de jefes de Estado y de gobierno del Grupo de los 20, mejor conocido como G-20, la cual se celebra desde el 2008 y reúne a los países más poderosos del mundo, los cuales son, los miembros del G8: Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido y Rusia; más Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, China, Corea del Sur, India, Indonesia, México, Sudáfrica, Turquía y la Unión Europea. España participa en calidad de invitado permanente.

En esta ocasión, la anfitriona, Angela Merkel, expuso en su discurso de apertura que la meta que debían lograr, era generar un documento final con unanimidad:

“El desafío es grande, el tiempo apremia y a menudo sólo logramos soluciones si tenemos voluntad de transacción, si queremos acercar posturas, sin forzar demasiado las cosas, eso también hay que decirlo, porque evidentemente hay diferencias” Angela Merkel

Ciertamente, el escenario internacional para esta cumbre fue mucho más complejo dada las diferencias entre los mandatarios, miembros del grupo, y un actor en especial, Estados Unidos. Esto se debe a que hubo un quiebre de unanimidad dentro del G-20, el cual se acentuó tras la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París y sus cuestionamientos hacia los lineamientos del libre comercio. Aunque éste no fue el único desafío, sí lo convierte en la principal divergencia, que casi logra el fracaso de la redacción del documento final.

Como se mencionó con anterioridad, el clima fue uno de los temas más controversiales ya que resultó imposible lograr persuadir la salida del presidente de Estados Unidos de dicho tratado; por más que se catalogó de irreversible al acuerdo, como una medida para instar a Trump a considerar su posición, éste la mantuvo. Por ello, el documento final refleja la diferencia de opiniones entre Estados Unidos y los otros 19 miembros del bloque, quienes reafirmaron su compromiso de implementar rápidamente el Acuerdo de París, y tomaron nota de la decisión de Estados Unidos de abandonar este histórico pacto que lucha contra el cambio climático.

Por otro lado, se firmó un acuerdo a favor del libre comercio y en contra el proteccionismo; también se reconoció el papel de los instrumentos legítimos de defensa en el ámbito comercial, sin desligarse del propósito anti-proteccionismo.

Inmersos en el plano económico, se reconoció que la estimación de crecimiento adicional de la economía mundial no llegará al 2%, como se planteó en 2014. Por lo que se acordó el Plan de Acción de Hamburgo para impulsar el crecimiento internacional y generar más empleos a nivel mundial.

Así mismo, la situación en Siria tuvo un avance importante. El primer encuentro oficial entre Donald Trump y el presidente de Rusia, Vladimir Putin, fue el desenlace de una tregua en el suroeste de Siria, según informó Rex Tillerson, el secretario de Estado de Estados Unidos.

Por su parte, el tema de Corea del Norte generó un pronunciamiento de Estados Unidos, Japón y Corea del Sur, quienes exigieron la imposición de sanciones contra dicho país, puesto que el lanzamiento de prueba de un misil intercontinental viola numerosas resoluciones de las Naciones Unidas.

Tras dos días de discusiones, se generaron resultados importantes. El objetivo del G-20 es trabajar por un crecimiento fuerte, sostenible, equilibrado e inclusivo. El documento final comprende 15 páginas de acuerdos referidos a cuestiones que van desde lo financiero hasta asuntos de igualdad de género.

La clausura de la cumbre deja en el tapete que un nuevo orden mundial está por articularse. Es temprano para decir que Estados Unidos dejó de ser la fuerza predominante que marcaba el rumbo económico, pero sí es cierto que la figura de Trump representa un freno en los avances de temas que se consideraban superados. Por lo que cada día aumentaran los choques de intereses y se hará inadmisible pasar por debajo de mesa las objeciones del mandatario de la Casa Blanca, posición que enturbia por completo la política internacional.