Cada vez que pensamos que los inminentes peligros de conflictos globales están lejos de ser materializados a nivel mundial sucede algo que nos hace repensar muchos aspectos que dejamos de lado algunas veces. La gran mayoría de analistas y expertos coinciden en que los escenarios de guerra o de violencia son lejanos, y muchas veces olvidan que cuando realizan un análisis de esta categoría se basan en referencias de situaciones previas. Lo que suelen olvidar en algunas ocasiones es que los contextos políticos y sociales de muchos hechos en la actualidad no son tan similares al pasado, ya que el mundo cada vez se extrapola a nuevos paradigmas de integración y de relacionamiento.

Por otro lado, evidenciamos una pérdida de valores humanos que la mayoría de las veces carecen de sentido común o de identidad nacional. Hace unos pocos días escuché una historia de una mujer, de nacionalidad venezolana, que fue brutalmente golpeada por un paisano suyo, por el simple hecho de querer arrebatarle sus objetos personales; de hecho, la persona herida le dio a entender verbalmente, al hombre violento, que no debía robar o maltratar a alguien de su nacionalidad (pues el contexto se desarrolló en otro país). Dicho ésto el hombre se dispuso a golpearla nuevamente, como si eso hubiera desatado mayor furia en él.

Solidaridad

Esta historia dista un poco del objeto real de estos escritos, pero denota una característica que debemos resaltar en el contexto real: se ha perdido el sentido de la solidaridad. Debemos pensar en cómo vamos a enfrentar los retos que cada vez más se avecinan para los países de nuestra región, si hemos perdido la humanidad para con nosotros mismos.

Agua, energia y decrecimiento

En estos momentos el mundo se mantiene expectante y poco optimista respecto a los más recientes sucesos internacionales. Las decisiones mundiales cada vez son más difíciles de interpretar y carentes de consenso ¿La razón? Una evidente falta de liderazgo capaz de orientar a un conjunto de países a tomar las mejores decisiones en pro de la humanidad. Cuando las Naciones Unidas llevaron a cabo la Cumbre del Milenio y la hoja de ruta para cumplir los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio, el mundo tenía mayor optimismo sobre la integración global, es decir, dichos objetivos eran comunes para todos.

Entre estos objetivos se encontraba el de la disminución de la pobreza extrema, y el ejemplo de crear una Alianza Mundial para el Desarrollo, algo que aún no se tiene muy claro de qué se trataba. Luego de años de lucha contra el terrorismo y del quiebre de un sistema financiero global, las Naciones Unidas vieron poco probable el cumplimiento de sus objetivos para la fecha pautada (2015), por lo que decidieron prolongar hasta el 2030 los objetivos planteados, y no conforme a ello los aumentaron de ocho hasta dieciocho. La gran mayoría de los objetivos debieron ser replanteados por falta de voluntad de muchos países. Haciendo énfasis en este aspecto, los puntos de esta extensa agenda continúan fallando debido a la carencia de solidaridad y de cooperación no solamente a nivel de gobiernos, sino de la sociedad misma entre sí.

Hoy en día existe la posibilidad de volver a formar parte de un conflicto a gran escala. Quizás no tan grande como una Guerra Mundial, pero evidentemente las tensiones se alzan entre los Estados Unidos y los países del Medio Oriente, así como con Corea del Norte. En este aspecto, me atrevo a opinar que el gobierno de Trump está jugando a una estrategia geopolítica de presión y amenazas con el fin de aumentar el consumo energético en el mercado petrolero. Gran parte del arsenal de guerra estadounidense funciona con tecnología que necesita de gasolina o de hidrocarburos. En este aspecto, el hecho de generar consumo energético obliga fuertemente a que los precios de los hidrocarburos aumenten tal como sucedió como en la guerra con Iraq.

De igual forma, el incremento en los precios sería una oportunidad de oro para gobiernos como Venezuela que dependen de la exportación petrolera, y así mismo para los países dependientes de la exportación de sus materias primas. En muchos escenarios la economía global podría volver a tener un nivel elevado en las etapas de sus ciclos económicos, pero una vez la situación vuelva a la normalidad muchos países se habrían endeudado y sería complicado volver a retomar la senda del crecimiento.

Ciudadanos y líderes

Mientras el mundo se encuentre en la tensa situación en la que se mantiene, es cuando la sociedad debe pensar en conjunto, más allá de pensar en el bienestar personal. Los ciudadanos somos los que tenemos el poder de escoger quienes tomen las mejores decisiones por nosotros, así como exhortar a nuestros líderes a emprender los caminos necesarios ante las vicisitudes que actualmente nos acogen. La solidaridad nos hará pensar no sólo en el bienestar de nuestros países y sociedades, sino también a pensar que lo que le sucede a nuestros vecinos podría impactarnos a nosotros mismos.

El mundo está cada vez más conectado, y son estas relaciones entre países y transacciones entre empresas y particulares lo que hacen que todos dependamos unos de los otros. Muchas veces las personas buscan mejores condiciones de vida en otros lugares que distan de ser similares de su país de origen, y en algunos casos, aspiran a instalarse en sitios donde puedan enfrentar de mejor forma estas situaciones adversas que acogen al mundo entero. Depende de nosotros mismos hacer de estos lugares buscados, y de todos los rincones del mundo, un lugar donde podamos afrontar con gallardía los acontecimientos globales.

Por consiguiente, estamos en el momento perfecto para retomar nuevos caminos que hagan a nuestras sociedades más fuertes y resilientes para el futuro. La encrucijada mundial nos obliga a darle ese impulso necesario a los principales líderes mundiales, es decir, nuestros mandatarios y Jefes de Estado. Dicha recomendación va especialmente dirigida  para aquellos que han perdido los valores y piensan que lo que pase en casa del vecino no afecta su hogar. Muchas veces no podemos hacer oídos sordos ante lo que pasa en el mundo entero, pues nunca se sabe cómo podría afectar la vida cotidiana propia; en este sentido, debemos interesarnos más, volver a ser humanos y exigir lo que realmente queremos todas las personas a nivel mundial: una vida llena de oportunidades para todos, y de estabilidad interpersonal.