A lo largo y ancho de la historia de la humanidad, las civilizaciones se han centrado en problemáticas de interés para todos los hombres. Regularmente, filósofos, pensadores y artistas de todas las épocas se han cuestionado acerca de la vida, el amor, el ser, la eternidad y el tiempo. Aunado a esos lugares comunes (o temas recurrentes) está la muerte. El fin de la vida, y la imagen a la que se relaciona ésta, ha variado de civilización en civilización. Por lo mismo, la muerte es diferente para cada país. Sin embargo, quizá la cultura que más se distingue de otras por la manera que afronta la muerte es la mexicana. Desde dulces tradicionales, ofrendas para recibir a los muertos y distintas maneras de ridiculizar y burlarse de la muerte, hacen que la imagen de la “calavera” sea tan especial en México. A continuación, comentaremos algunas características que hacen única la idea de la muerte en este país (aprovechando la época del año).

Día de muertos

Quizá esta celebración sea la que más se conoce de México en el extranjero (en especial tras el estreno de la película Coco) junto con el 16 de septiembre. Para aquellos que la desconozcan, se celebra los días 1 y 2 de noviembre. El día de muertos se trata, como su nombre lo dice, de una festividad dirigida a los difuntos. De origen prehispánico, la celebración se unió con fiestas católicas como el día de todos los santos y los fieles difuntos. En su origen, es decir, en las comunidades indígenas de este país, el día de muertos era una fiesta dedicada para hacer conciencia en la población del ciclo infinito de la vida. Los habitantes prehispánicos consideraban su muerte como una pequeña parte del gran todo que es el universo. Por lo tanto, la celebración tenía más que ver con el tiempo y la idea del tiempo cíclico en el que los humanos somos sólo un pequeño engrane.

Flor de cempasúchil, característica de la celebración del día de muertos

Hoy en día, la celebración ha cambiado un poco su significado. El principal elemento de la festividad son las ofrendas, compuestas por varios niveles. En las ofrendas, los familiares del difunto colocan la comida y bebida que más disfrutaba el muerto en vida. El camino hacia la ofrenda está adornado con flor de cempasúchil (mejor conocida como flor de muerto), incienso y velas que iluminan el recorrido del difunto.

De acuerdo a la creencia, los días 1 y 2 de noviembre el portal que separa nuestro mundo del mundo de los muertos se abre para permitir a los difuntos ir a disfrutar de los alimentos con su familia. La flor de cempasúchil sirve, precisamente, para guiar a los muertos hasta el lugar de sus ofrendas.

Ofrenda típica de día de muertos

Entre los elementos que pueden aparecer en una ofrenda están: vaso de agua, para mitigar la sed de los difuntos; objetos personales del difunto; una cruz de cal en el piso, que representa los cuatro puntos cardinales; sal, para la purificación del alma; entre otras cosas.

Calaveritas literarias

De nuevo, la literatura puede dar buena cuenta del desarrollo de una civilización. En la celebración del día de muertos, esto no es diferente. Las calaveritas literarias son composiciones en verso, organizadas comúnmente en cuartetos (estrofas de cuatro versos) y con rima asonante o consonante. Lo que distingue este tipo de textos es que el tema central es la muerte como personaje. Se habla comúnmente de “la calaca”, “la calavera” o “la huesuda”. Se utiliza para ridiculizar o hacer mofa de la muerte mediante situaciones graciosas.

Ejemplo de calavera literaria

Mediante calaveras literarias se puede hacer burla de temas políticos, sociales, culturales o económicos. En otras palabras, las calaveras literarias son, simple y sencillamente, ejemplos de cómo el mexicano usa cualquier pretexto para burlarse de todo, incluso a la muerte.

Como puede verse con estos ejemplos, la celebración relacionada a la muerte da buena cuenta de la imagen que se tiene de ésta en México. Faltándonos elementos como la Catrina, queda claro que el mexicano tiene una forma muy peculiar de ver a la muerte y de relacionarse con ella. Con una cosmovisión burlesca, graciosa y muy particular, México se distingue del resto de países en cuanto a su forma de pensar la muerte.