Dice la leyenda que tras las costosas luchas de independencia en Sudamérica, muchos latinoamericanos le preguntaban a Simón Bolívar: “¿y ahora? ¿Qué hacemos con nuestra independencia?” La anécdota sirve para reflejar que las acciones no sirven de nada si no se tiene un plan que cimente su valor. Tras el desastre vivido por el sismo en México y las múltiples respuestas de un pueblo que, finalmente, decidió crear un cambio y unirse para enfrentar la catástrofe, la pregunta que todo mexicano se hace es: ¿y ahora?

Los millenials son, sin duda, una de las generaciones más criticadas de los últimos tiempos. Considerados como indiferentes, holgazanes, egoístas, conformistas e inconscientes; durante mucho tiempo pareció que los jóvenes en México jamás lograrían hacer absolutamente nada.

Sin embargo, ellos ya demostraron que no. En el momento de mayor necesidad del país durante años, estos jóvenes salieron como estampida a las calles a ayudar de la manera en que fuera posible. Algunos se hicieron brigadistas; otros donaron cualquier cantidad de víveres, alimentos y medicinas; unos más aportaron tiempo y dinero en las comunidades más afectadas; inclusive, aquellos que no donaron ni prestaron servicio social usaron las redes sociales por primera vez en sus vidas para algo productivo. Durante días, plataformas como Twitter, Facebook, Instagram, Whatsapp y otras, se llenaron de mensajes de ayuda que se hicieron rápidamente virales. Por varias horas quedaron a un lado los memes y otros chistes que tanto disfruta esta generación, y lo único que se veía eran mensajes como: “ocupamos la medicina en la ciudad…” o “estoy por ir a levantar escombro a *** lugar, ¿quién se apunta?”.

Un evento de esta magnitud fue la oportunidad perfecta para que la generación eternamente insultada, tomada como la más estúpida y superficial de todas, se pusiera la misma playera, la misma bandera, y caminara al unísono por el bien común de una sociedad que lo necesitaba.

A diferencia de otras catástrofes trending topic en las que el evento se vuelve viral, la gente “comparte” o ayuda (#PrayForMéxico), pasa una semana y todo vuelve a la normalidad, el sismo del 19 de septiembre fue diferente. La gente no se conformó con donativos o ayuda temporal. De la nada, surgieron iniciativas para tender la mano a los damnificados a largo plazo, que es lo importante. Ideas como “60 días por México” tratan de rescatar el espíritu de ayuda permanente.

A tal grado ha llegado la fuerza del pueblo que se orilló al gobierno a tomar medidas drásticas. Los mexicanos no esperaron la ayuda de las autoridades incompetentes, la cual jamás llegó. La gente hizo todo por su cuenta y se unió para reclamar su derecho. Entre estos reclamos apareció la idea de que los partidos políticos donaran parte del dinero que reciben para campañas y se usara para ayudar a los damnificados. Aunque al principio se negaron, argumentando ideas absurdas como que sería ilegal el desvío de recursos (absurdo porque hablamos de un gobierno que hace desvíos de verdad en cantidades exorbitantes), los partidos terminaron cediendo, y donaron parte del dinero a las autoridades a cargo de repartir ayuda.

Pero, esto no debe engañarnos. Hemos vivido lo suficiente como para saber que los partidos no dan “un paso sin guarache”, es decir, que su donación no es por caridad desinteresada. Algo planean a las espaldas, algo están preparando para recuperar el dinero perdido. Sin embargo, esto no debe desalentarnos, ¡todo lo contrario! Se les obligó a ceder parte de los impuestos, algo que jamás había pasado. En anteriores ocasiones, los reclamos del pueblo se acallaban con represión social (recordar el 2 de octubre de 1968). Esta vez esa idea no fue viable. Por primera vez tuvieron miedo, de algún modo, y se vieron obligados a ceder.

Ahora, hay que pensar qué sigue. La catástrofe y los damnificados han perdido fama social lentamente y, si bien se trata de mantener el espíritu de ayuda en redes, se ha alejado del foco de atención. El momento histórico al cual se enfrenta el mexicano es único. Algo debemos hacer, con algo debe seguir el plan de la unión social. La pregunta es: ¿y ahora? ¿Qué hacemos? Lo que ya mostramos es que: “el pueblo unido, jamás será vencido”.