El desarrollo y los avances, desde la tecnología, la industria, la economía y la cultura, han dejado grandes resultados para la humanidad, tanto positivos como negativos, siendo estos últimos los que mayor peso han tenido dentro de nuestro medio ambiente con el trascurrir de los años.

Entre los diversos cambios existen, hoy, las consecuencias generadas por el calentamiento global, el cual es producto de la incesante contaminación mundial, que se hace cada vez más pronunciada.

Hoy por hoy, el ser humano se ha dejado sumergir en un mundo despilfarrador de recursos naturales, que nos condiciona a la adquisición de bienes de forma contínua. Y a su vez, se determina que, mientras más posesiones se adquieran, aunque la durabilidad de las mismas sea mínima, mayor bienestar se tendrá.

En fin, por esto, es fácil concluir que el consumo de los seres humanos es cada vez mayor. Se estimula a que se modifique el orden de nuestras prioridades, colocando como prioridad fundamental el consumo, el cual es seguido por la ganancia económica y el poder.

Sin embargo, las búsquedas del ser humano, por la obtención de la jerarquía de prioridades, han dejado a su rastro múltiples consecuencias que perjudican a todo ser vivo dentro del planeta tierra.

Las consecuencias son el resultado del mal uso de los recursos ilimitados y el maltrato de todo recurso natural.

El efecto del calentamiento global y de la perpetua contaminación, se hace cada vez más pronunciado, llegando al punto de no poder esconderlo ni refutarlo.

Durante el transcurso de los años, la explotación desenfrenada de recursos naturales deja, como consecuencias, aspectos que desmejoran la calidad de vida de los seres humanos.

Entre ellas, de forma vertiginosa, crece y se mantiene la pobreza, quien posee diferentes causas, como la sobreexplotación de los recursos naturales; lo cual conlleva a un maltrato del territorio. Se contamina deteriora, en gran medida, el espacio; y con ello se limita la reaparición del producto natural.

También, se deja sin la capacidad de sustento a poblaciones que cuenten con recursos naturales para subsistir, y de igual manera se acelera un proceso de extinción de la fauna y flora del territorio. Debido al cambio que se produce en el ecosistema.

Diferentes investigaciones, pruebas y propuestas han salido a la luz, con la finalidad de parar o disminuir los efectos del gran daño, que de forma ascendente le hemos producido al planeta tierra, algunas de ellas han sido aceptadas por gobernantes y líderes mundiales, como el protocolo de Kyoto, el Convenio de Viena, el Protocolo de Montreal, entre otros.

Aunque diversas acciones, como las pautadas dentro de los convenios y tratados, hayan sido puestas en marcha, prevalecen los intereses económicos y de poder, dando como resultado que lo pautado en ellos no se aplique de manera idónea, para poder cumplir con el objetivo principal.

A veces, no nos percatamos que nuestro consumo, desenfrenado de recursos, nos perjudica, grandemente, tanto en el presente como a las generaciones futuras. No medimos nuestras acciones en base al daño que causamos al hacerlas, aunque ese daño sea hacia nosotros mismos.

Como seres humanos debemos replantearnos el orden de nuestras prioridades, que el consumo irracional no sea el que condicione nuestras acciones en nuestro planeta. Debemos tener en cuenta el valor mísero que representan las ganancias monetarias y de poder, en comparación a la ausencia de los recursos que nos permiten seguir subsistiendo.

La destrucción de nuestro planeta tierra es una de las posibilidades que se plantea en un futuro no muy lejano, si no le damos prioridad inmediata al hecho de cuidar y preservar el lugar donde habitamos todos los seres vivos.

Invitamos a nuestros queridos lectores a ver el documental “La era de la estupidez”. Para un momento de reflexión sobre nuestras acciones para preservar nuesta casa La Tierra