Bien es cierto que abrir un libro implica iniciar un viaje, en el cual se van presentando diferentes obstáculos., Si es que se ve presente un enfrentamiento consigo mismo durante la lectura, sobrellevar las emociones que se vierten sobre uno es un proceso que en muchas ocasiones incita a la reflexión sobre temas particulares. La exploración del universo que se posa sobre las manos del lector se convierte en una forma indispensable de vivir la vida mediante la literatura. Es por ello que la recomendación de boca en boca sobre los autores que han llegado a la cúspide de la creación literaria es el parteaguas para adentrarse en esta expresión artística, mas no debe perderse de vista que también en la actualidad hay un gran índice de creación. ¿Pero, qué leer?

Vertedero – o la suma de todas las cosas – es un poemario, que consta de cincuenta poemas en los cuales se plasma una conexión profunda del sujeto lírico con la naturaleza, dejando a flor de piel las emociones que cualquier persona puede experimentar en la vida: el deseo, el amor y, sobretodo, el dolor ante un amor perdido, evidenciando la necesidad de sentirlo hasta cada fibra de la piel, de gritarlo o llorarlo. La autora mexicana, Lourdes Meraz[1], logra con exactitud plasmar imágenes a través de los versos escritos, y el lector podrá notar, sin problema alguno, la calidad del trabajo literario tanto en contenido como en forma.

En el poema número 7 “Supervivencia: n.f. Acción y efecto de sobrevivir” se transmite la ignorancia sobre cómo el sujeto lírico logró sobrevivir, a pesar de que le costara la piel, los huesos y llorar hasta secarse. De esta forma, puede sentirse la nada después de haberlo tenido todo, el silencio tras el estruendo, el extravío en la vida pero sin dejar de lado la consciente necesidad de continuar a pesar de haberlo sufrido todo:

Nada de repente. Sólo silencio.

Sin paisajes ni expectativa.

Sin descanso, ni sueño, ni sosiego.

Metida hasta el fondo en un laberinto sin paredes que no sé si soñé.

Sólo tengo la certeza de que continúo.

De que no ha acabado.

De que las teguas no existen.

De que vendrá un hocico más grande.

De que me tengo que escabullir.

Aunque esté ciega.

Aunque me canse.

Aunque me quiera morir.

En el fragmento colocado puede apreciarse el uso de una figura retórica, el paralelismo (reiteración de la misma estructura sintáctica en versos). De igual forma, se pueden encontrar diversas figuras en los poemas que componen esta obra, pero su empleo no se siente forzado, los versos van fluyendo como agua en el río, lo cual facilita entablar una conexión en lo escrito, al igual que encontrar el ritmo sugerente para cada poema,  una interpretación, y lo más inmediato, una exaltación de los sentidos, evidenciando el efecto estético en cada lector.

En otro de los poemas que lo conforman, el número once, titulado “Enramada”,  el sujeto lírico expresa con claridad la transformación de su cuerpo, al sentirlo un bosque cuando el desencadenante de su deseo se acerca a ella. La unión de los amantes al volverse uno mismo puede deducirse tras la sutileza de los versos elaborados; la complicidad tras el encuentro le brinda al sujeto lírico la luz necesaria para continuar con la rutina establecida de la vida cotidiana, esa esperanza y tranquilidad posterior al haberse sentido completa y receptiva de las sensaciones experimentadas.

Me está saliendo musgo de tanta humedad

y cuando vienes haces de mi cuerpo un bosque.

Me crecen coníferas en toda la piel,

me salen flores en las manos.

Hojas por todos lados.

Me creces como enredaderas por todos los brazos y todas las piernas.

Me multiplico;

abro todos los ojos que tengo y te miro desde todos los lugares posibles.

Y de día vuelvo a ser yo, transitando el mundo de un lado a otro.

Aquí dentro se quedó la luz encendida.

Imágenes de estas temáticas son tratados en Vertedero, el viaje por estos versos podrían brindarle al lector un deleite literario y sensorial. El empleo del lenguaje es tan fluido y natural que otorgan un contacto más directo con las situaciones presentes en la vida cotidiana, y por las cuales un ser humano está propenso a experimentar en su trayecto. La visión plasmada de la lucha tras la pérdida, la relación estrecha con los árboles, las hojas y el porvenir reflejan una precisión por sentirlo todo, aunque duela y te desarme, pues es más común abrirle las puertas a efímeros instantes de la felicidad y negar la tristeza que solamente es la evidencia de haber vivido un éxtasis.

[1]  La escritora es también creadora de una novela titulada Los abismos de la piel. De igual forma, es quien le ha dado la vida al personaje ficcional conocido como la Srita. Kamikaze © a través de las microficciones distribuidas mediante redes sociales como Facebook y Twitter.