Mi idea principal con este artículo no es contarte una historia, mi propósito es sembrar en ti una idea.

Hace dos años me fui de Venezuela, mi país natal, en un viaje hacia Argentina. La situación en esa época no era tan dura como ahora, pero tenía sus obstáculos. La idea de irme del país fue una odisea desde el principio, ya que no tenía suficiente dinero, pero las ganas de averiguar qué había más allá de la frontera me empujaron a tomar una decisión. Salir en avión es un lujo que no muchos se pueden dar y el salir por tierra, es un reto al que muy pocos se animan. ¡Yo lo hice! Una parte con un amigo y otra sólo.

Existen varias formar de salir por tierra de Venezuela, mi primera opción fue hacerlo por la frontera colombiana, pero estaba cerrada. Para mi mala fortuna me enteré de esto cuando ya estaba allá. A partir de aquí, Brasil fue mi siguiente opción.

Tuve que volver a la agitada ciudad de Caracas para redireccionar mi marcha. Eran las 6 pm cuando tomé el bus que me llevaría a Santa Elena (frontera con Brasil). Después de un par de días logramos cruzar; sellamos los pasaportes y caminamos por una carretera vacía. Ya en Boa Vista, tomamos en la rodoviaria (terminal de autobuses) un transporte que nos llevó a Manaos, en un recorrido de un día entero. Nuestra ruta con destino Buenos Aires era:

Boa vista- Manaos.

Manaos- Porto Velho.

Porto Velho – Guajara-Mirim.

Guajara-Mirim- Guayaramerin (Bolivia).

Guayaramerin- La Paz.

La Paz- Jujuy (Argentina).

Jujuy- Buenos Aires.

La jornada de Boa Vista a Manaos fue un caos. Como dije anteriormente, realicé este viaje con muy poco dinero, y me quedé con casi nada al salir de Venezuela. Con algunos bolívares para cambiar y un par de cosas para vender, logré comprar el pasaje de hasta Manaos. Pasé la noche en la terminal de Boa Vista, puesto que el autobús salía sólo de noche y ya había perdido el que salía ese día. No fue una noche agradable, pero de igual forma existen hoteles cercanos a buen precio, para quien lo puede pagar.

La noche siguiente emprendí la aventura hacia Manaos. Después de unas 15 horas, aproximadamente, llegué. Ese mismo día debía abordar un barco a Porto Velho. Un taxi me llevó hasta el puerto, un lugar bastante ruidoso que me recordaba al mercado libre de mi ciudad natal, Maracay. Recuerdo que sentí que se me iba la vida cuando tuve que pagar 250 reais por un trayecto de 4 días cruzando el Amazonas y el río Madera. Al menos la travesía incluía las 3 comidas, pero debías llevar tu hamaca (conocido también como chinchorro) para colgarlo y poder dormir. Para mi mala suerte, no había llevado una conmigo y tuve que dormir en el suelo. A pesar de todo esto, fue una experiencia muy linda y conocí un par de personas que fueron claves para continuar mi viaje, entre ellas un par de compatriotas venezolanos que se dedicaban a mochilear.

Al llegar a Porto Velho, un taxi me llevó por 15 reais a la terminal, de donde sale un transporte  que te lleva por 328 km hasta Guajara-Mirim, que es el lado brasileño de la frontera con Bolivia. Al llegar, abordé una lancha por 5 reais que me ayudó a cruzar hasta Guajaramerin (Bolivia). En ambas paradas fue muy complicado lograr conseguir que sellaran mi pasaporte de salida, aparentemente porque era día domingo. Pero luego de caminar casi 15 cuadras con todo el equipaje, logramos conseguir el sello.

Caminamos 20 cuadras más para llegar a una terminal, donde me tomé otro bus hasta Riberalta, esta fue una escala que decidimos hacer mi amigo y yo. De Riberalta nos fuimos directo a La Paz, fue un viaje largo y extenuante. 916 km  después, nos recibió el frío de la paz, cabe resaltar que yo no estaba preparado. Esperamos casi 12 horas para abordar vía Jujuy (Argentina), logramos descansar en el camino, que fue de casi 17 horas.

En Jujuy nos comimos un sándwich de mila con fritas, que logramos comprar vendiendo el poco de dinero que nos quedaba, un par de celulares y otras pertenencias.  Lamentablemente, en el terminal de Jujuy perdimos el bus. Luego de mucho preguntar, conseguimos unos autobuses que llamaban truchos (que se definen como de baja calidad y más económicos) a 450 pesos argentinos cada pasaje. Nos accidentamos 20 horas en rosario, pero después de 32 horas de espera ya estábamos en Plaza Miserere/Once.

Aunque parezca demasiado que digerir, ahorré muchas historias en este artículo adrede. Quise dar solamente un abre boca de la aventura que cambió mi vida y que, si te animas, podría cambiar la tuya. Sin duda nuestro país se encuentra en una situación crítica, mi consejo es que te hagas las tres preguntas que me hice yo para tomar esta decisión:

¿Qué tan grandes son tus deseos de irte?

¿Estás dispuesto a dejar todo?

¿Es este el sueño que quieres seguir?

Alejandro López